Cómo tributa una herencia o una donación

 

El impuesto sobre sucesiones y donaciones es el que regula en España la transmisión de bienes entre personas físicas, siempre y cuando se trata de transmisiones gratuitas. Este impuesto diferencia claramente dos conceptos clave: por un lado, establece como donación la transmisión gratuita de bienes entre personas vivas; por otro, define como sucesión todo aquello que se herede por el fallecimiento del propietario de los bienes, incluidos los seguros de vida.

 

Una herencia puede convertirse en un quebradero de cabeza para quien la recibe si no se ha hecho bien el testamento o el titular no sabe cómo gestionar lo que recibe. Cada uno de los herederos está obligado a declarar lo percibido y a tributar por ello pagando el correspondiente impuesto sobre sucesiones.

 

Tanto uno como otro están regulados por la Ley 29/1987, aunque desde su promulgación ha recibido multitud de modificaciones y actualizaciones. Esta norma señala que es un impuesto cuya recaudación recae sobre las comunidades autónomas y que, por tanto, cada una de ellas podrá establecer las deducciones que considere. 

 

 

Cómo se calcula

 

Para calcular cuánto hay que abonar por el incremento del patrimonio del beneficiario hay que determinar, en primer lugar, cuál es la base imponible del impuesto. En el caso de una donación, ésta se calcula con el valor real de los bienes menos las cargas y deudas que puedan acarrear; concretamente, si existen deudas, la parte proporcional del impuesto puede ser devuelta al titular una vez saldada la deuda.

 

En el caso de una herencia por sucesión, podrán deducirse los gastos por la gestión del reparto entre los herederos, los posibles gastos médicos que hubiera generado el fallecido y los gastos del entierro y el funeral.

 

También hay diferencias en función del grado de relación familiar de los involucrados de la edad del receptor (cuando hay menores que heredan por el fallecimiento de uno de sus padres hay distintas reducciones) e incluso del patrimonio que el heredero tiene con anterioridad al fallecimiento. El impuesto ha de abonarse en los seis meses siguientes al fallecimiento, aunque, habitualmente es posible pedir una prórroga por otros seis meses más.

 

 

Diferencias entre una autonomía y otra

 

Cada Comunidad Autónoma decide qué reducciones aplica al impuesto sobre sucesiones y donaciones. Como resultado, existe una gran diversidad normativa. Así, hay Comunidades Autónomas con bonificaciones de hasta el 99 % de la cuota del impuesto siempre que se produzca entre miembros de una misma familia (y dependiendo del grado de parentesco en función de la Comunidad Autónoma), lo que supone que prácticamente está exento. Pero hay otras que no aplican ninguna bonificación de este tipo y donde, dependiendo de la cuantía, se puede llegar a pagar hasta el 34 % de la base liquidable.

 

En caso de tener que abonar estos impuestos conviene informarse antes de la normativa autonómica en vigor para evitar problemas e incluso realizar las consultas pertinentes ante los organismos recaudadores autonómicos, dado que hay determinado tipo de donaciones que exigen formalidades concretas para que aplique la bonificación, como por ejemplo, escritura pública cuando se trate de donaciones de dinero en la Comunidad de Madrid.

 

 

Cómo afecta a la declaración de la renta

 

Como un mismo hecho no puede tributar dos veces, según el artículo 4 del Real Decreto 1629/1991 del Reglamento del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, si a la hora de recibir la donación o herencia se paga el importe correspondiente al impuesto, no será necesario tributar de nuevo por él ante la Agencia Tributaria en la declaración de la renta.

 

Si bien, muchas veces no se tiene en cuenta y es importante destacar que, en los casos de donaciones, quien sí puede tener que tributar en su IRPF es el donante. Quien efectúa una donación, deberá tributar como una ganancia patrimonial en su IRPF por la diferencia entre el valor de marcado (valor actual) del bien donado y el valor por el que lo adquirió. Esto es habitual cuando se donan inmuebles. Por el contrario, dicha ganancia no existe cuando lo que se está donando es dinero.

 

Es necesario conservar todos los documentos, certificados y comprobantes de haber efectuado esos trámites, ya que la Administración dispone de cuatro años para reclamar el pago.

 

Respecto a los beneficios que genera una herencia sí que hay que declararlos en el IRPF: al heredar un piso ya se paga el correspondiente impuesto sobre sucesiones, pero si luego se alquila, se obtienen unos ingresos que sí que hay que incluir en la declaración de la renta. Con las acciones de una empresa pasaría lo mismo: las acciones ya han tributado pero los dividendos que reportan no.

 

 

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